Beijing (Pekin), China.

Etapa 13.
Ya estábamos al final del viaje. Nos quedaban 4 días para conocer la capital China Beijing (Pekín). Cuatro días eran muy pocos para ver esta enorme ciudad de más de 22 millones de habitantes, así que intentamos ver lo que nos pareció más interesante. Además dejamos un día entero para ir a visitar la Gran Muralla China.


El primer día fuimos a ver la Ciudad Prohibida y el increíble 798 Art District.
Desayunamos y nos encaminamos hacia la Ciudad Prohibida, que estaba al lado de donde nos alojábamos. El tiempo estaba caluroso y empezamos a ver una rara bruma en el cielo. Era como una especie de nieblita blanca. Llegamos a la puerta de la Ciudad Prohibida. Por un lado la gran plaza Tiananmen y por el otro la puerta principal de la ciudad con encima una enorme imagen de Mao Zedong (Mao Tse-Tung). Era un día entre semana de final de octubre, y había una cantidad increíble de gente. No quiero pensar lo que puede haber aquí en verano. Pensamos incluso no entrar por la cantidad de gente que había haciendo cola. La mayoría eran turistas chinos.



La Ciudad Prohibida es llamada así porque durante quinientos años estuvo prohibida la entrada a la gente común. Es un enorme complejo de palacios, el más grande de China, y abarca una superficie de 720 mil metros cuadrados. Está llena de edificios antiguos construidos por dos dinastías de emperadores, los Ming y los Qing.



En la parte central están los palacios del emperador y alrededor el complejo sistema de edificios menores reservados a las concubinas y a los sirvientes. Se calcula que durante la época Ming había unas 9 mil concubinas y unos 70 mil eunucos sirviendo a la corte.



Los palacios reales estaban muy bien conservados y cuidados, aunque para mi gusto había demasiada gente, y te impedía disfrutar del ambiente. Los colores que dominan son el rojo, predominante, y el dorado, azul y verde. Cada palacio está distinguido por su importancia, por una serie de figuras que se pueden ver en las extremidades de los techos.


La zona de las concubinas y sirvientes me pareció más autentica y tranquila. Te movías por pequeños callejones laberínticos que te hacían retroceder en el tiempo.



También la parte de los jardines reales fue muy interesante.



Después de una mañana en el interior del complejo, decidimos salir, nos quedaba mucho que ver, pero en general era todo muy parecido.

Ya eran las dos de la tarde y con mucha hambre decidimos ir a comer en el famoso 798 Art Distrit. 
El 798 Art Distrit está un poco fuera del centro y el metro no pasa por la zona, así que decidimos coger un taxi. Aunque nos costó bastante encontrar uno que nos llevara, no entendimos porqué, pero cuando les decíamos donde íbamos nos decían que no.
Hacer el recorrido en taxi nos sirvió también para ver parte de la ciudad.
Beijing no me la imaginaba tan moderna. La tecnología está por todas partes. La arquitectura moderna con rascacielos y edificios con un diseño vanguardista aumentan cada día. La ciudad tiene carriles para bicicletas con un ancho de un carril de coche. Las motos son eléctricas para intentar disminuir la contaminación. Y gran parte de los coches son modernos y silenciosos. Pero aún así la contaminación es un problema muy preocupante en Beijing.
Un dato importante es que hay poco respeto para los peatones. Hay que tener cuidado por las carreteras.


El 798 Art District está ubicado en una antigua fábrica, y actualmente alberga la mayor concentración de galerías de arte contemporáneas de Beijing. Los enormes espacios de la fábrica son ideales para las exposiciones. El distrito es como un barrio y por las calles hay muchos bares, cafeterías y tiendas de arte.


Además hay muchas obras de arte colocadas en las calles y encima de edificios. En definitiva ves, respira y comes arte por todas partes. En este lugar tan encantador puede pasar tranquilamente un día entero sin aburrirte. Hay exposiciones de esculturas, pinturas, fotografías, moda, diseño,,, todo lo que es arte.
Nos quedamos por aquí el resto del día.


Por la noche salimos a cenar en un restaurante cerca del hostel.
Comer en Beijing es bastante fácil. La mayoría de los restaurantes tienen la carta en inglés, además de tener el menú con fotografías. Y lo más increíble es que las fotos de los menús son idénticas al plato que te van a llevar. La comida es diferente a lo que estamos acostumbrados a comer en los restaurantes chinos de occidente. La comida no está tan aceitosa, tienen muchos platos picantes, un picante de jengibre, no de pimentón o chili.


Al día siguiente nos fuimos de excursión a la Muralla China (siguiente post).

El tercer día fuimos a ver el Palacio de Verano.
Nos encaminamos hasta el metro de la plaza Tiananmen y desde allí nos fuimos en dirección del Palacio de Verano y después de unos 40 minutos llegamos al Palacio. La nieblita blanca era cada vez más intensa. Hacía calor y por el otro lado de la cortina blanca se entreveía el sol.
Teóricamente esta nieblita blanca que cada día iba aumentando era la tan famosa y polémica contaminación de Beijing. Era como estar en un día de niebla invernal, donde la visibilidad es de unos metros, pero con 22º de temperatura. Además la sensación de agotamiento, probablemente debida a la contaminación, era cada vez mayor.


El Palacio de Verano fue concebido por el disfrute exclusivo del emperador y su familia que huían del calor y la humedad de la Ciudad Prohibida. Está situado en un enorme parque con un gigantesco lago artificial que hizo construir un emperador de la dinastía Qing.
En su interior hay palacios y templos bien metido entre los frescos árboles del parque.
Hoy en día es unos de los lugares turísticos más visitados de Beijing.


Cuando entramos bajamos en una zona con canales de agua, donde ahora hay tiendas de carácter tradicional donde puedes encontrar viejos artesanos. Personajes auténticos que exponen su arte. La zona es preciosa y te devuelve a lo que podía ser la China imperial.



Luego nos metimos en un largo paseo por el parque hasta llegar al gran lago y los palacios imperiales. El parque es un lugar muy agradable. Lo que le faltaba a la Ciudad Prohibida probablemente era vegetación y árboles.
Llegados a la zona de los palacios nos enfrentamos otra vez con las hordas de turistas chinos.


Una anécdota graciosa fue que muchos chinos nos sacaban fotos, éramos nosotros los bichos raros... 
Aquí nos paramos a comer en un autentico y tradicional chiringuito chino. No había cartas en inglés ni fotos, pero por suerte casi todos los comerciantes chinos chapurrean algo de inglés... Conseguimos algo de comida y bebida, aunque no sabiendo los que estábamos comiendo, al final conseguimos alimentarnos un poco.


Toda la arquitectura del Palacio de Verano era bastante parecida a la arquitectura de la Ciudad Prohibida.
La mayoría del día la pasamos en este complejo, luego bastante cansados, probablemente agotados por la neblina contaminante, volvimos al hostel.


Era nuestra última noche en Beijing y decidimos ir a probar a comer en un Pot Hot. Es un tipo de comida china. Te traen un caldero con agua con un sabor que decides tú, y en su interior cocinas la comida... carne, pescado, verdura, pasta... un sistema curioso, aunque los camareros se rieron de nosotros todo el tiempo porque no sabíamos cómo hacer.


Cuarto y último día en Beijing y final de nuestra aventura.
Por la mañana nos dirigimos a visitar la plaza Tian'anmen. La teníamos al lado y aún no las habíamos visto. La neblina blanca seguía, y cada día más intensa. 
La Plaza Tian'anmen es como una isla en el medio de grandes avenidas. Para acceder a ella hay que bajar a un túnel para cruzar la calle, y después de unos controles con escáner te dejan entrar en la plaza. Es curioso, pero también cuando entra en el metro tienes que pasar controles con escáneres.
La Plaza Tian'anmen, o sea Puerta de la Paz Celestial, se construyó como símbolo de la nueva República Popular China. Es la plaza más grande del mundo, 880 x 500 metros.


Los edificios que la rodean son bajos, para aumentar el efecto de amplitud y haciendo la cúpula del cielo más amplia.
La verdad es que la sensación de amplitud es impresionante, además con la nieblita casi no se veía el otro extremo de la plaza. Aquí también había una marea de turistas chinos sacándose fotos con los símbolos de la República.


Salimos por el otro extremo de la plaza y nos metimos por las pequeñas y caóticas callecitas de tiendas chinas. Es una zona de antiguos comercios, llena de restaurantes y tiendas de suvenir. Esta zona se convirtió en una zona muy comercial. Ya nos tocaba comprar los últimos recuerdos del viaje. El resto del día lo pasamos callejeando.


Nuestro avión hacía España salía a las 2 de la madrugada.

Nuestro magnifico viaje hacia oriente con el Transiberiano - Transmongoliano había terminado.
Tardamos 30 días en llegar hasta Beijing vía tierra, y 30 horas en volver a España vía aire.