Portugal, Oporto la joya portuguesa

Cuando llegamos a Oporto era noche. Teníamos que pasar el fin de semana en esta bonita ciudad. 
Desde el aeropuerto un metro nos dejó directamente en el centro histórico, en la Estación de Sao Bento.
En su vestíbulo se pueden admirar unos paneles elaborados con más de 20.000 azulejos que recrean temas históricos.


Caminamos hacia el hotel y en seguida nos sentimos fascinado por la ciudad.
Las luces de la noche y la tranquilidad de las calles nos parecieron muy bonitas. Nos alojamos en el Hotel Grande de Paris, un hotel del final del 1800. Nos encantó quedarnos en este sitio, te devuelve atrás en el tiempo. Mantuvo un estilo antiguo, con objetos y decoración de la época. El hotel estaba lleno y casi no nos cruzamos con nadie, y no es muy grande… y por las mañanas un desayuno riquísimo.


El primer día desde primera hora empezamos a recorrer las calles de la ciudad. Estábamos en el Centro Histórico así que no hacía falta coger ningún medio de transporte. Además el centro de Oporto es más pequeño de lo que parece mirando  un mapa. En seguida llegas a todas partes. Eso si, hay que continuamente subir y bajar cuestas.

Oporto es una ciudad muy viva, con gente por todas partes. En principio nos dirigimos a ver el Mercado de Bolhao. Un antiguo mercado típico de la ciudad donde todavía las vendedoras llaman la atención de los clientes ofreciéndole los productos con voz muy alta.

Desde el mercado bajamos por la calle Santa Catalina, una calle peatonal y muy comercial y nos paramos en el famoso Café Majestic, un antiguo café del principio del 1900. Afortunadamente en Oporto aún existen lugares típicos y antiguos como este café que todavía conserva la decoración del principio del ‘900, de madera maciza, además de ofrecerte cafés y dulces muy ricos. 



Después del café empezamos a recorres las calles,,, bajando y subiendo.
Cuando caminas por Oporto te puedes cruzar con multitudes de iglesias. Parece que en cada esquina haya una. Además muchísimas están decoradas con los típicos azulejos azules hechos a mano que caracterizan la arquitectura portuguesa.



Paseando y paseando por las calles nos quedamos sorprendidos por la arquitectura del centro histórico. La mayoría de los edificios parecen estar deshabitado. Muchísimos, o mejor, casi todos parece que se están cayendo. 


Parece estar caminado en una ciudad que todavía no se ha recuperado del post guerra. Pero todo esto en forma fascinante, bonita. Cada rincón tiene su encanto. Y cada mirada puede representar una postal muy bonita. Es una ciudad que puede parecer, o es, decadente, pero con un encanto especial. Camina por sus calles a gusto, sin peligros.



Durante nuestro recorrido pasamos por muchísima iglesias, pero la que más nos dejó sorprendido fue el interior de la Iglesia de Santa Clara. Es una iglesia que está bastante escondida, e incluso muchos lugareños no la conocen o nunca han ido a verla. Está en una calle por detrás de la catedral.


Cuando entras pasas por una puerta lateral normalita, el exterior prácticamente no se ve. Pero cuando entras te quedas boquiabierto. Las decoraciones barrocas son impresionantes. Todas sus paredes están decoradas con paneles de tallas doradas. Además cuando estás dentro siente la presencia de una energía muy fuerte. Te quedarías sentado dentro la iglesia mucho tiempo a recargarte. Fue una experiencia muy buena.



Después de ver esta joya nos dirigimos a la Catedral de Sé y casi no pudimos disfrutar de ella. Nos dejó indiferentes después de ver la iglesia de Santa Clara.


Después de la catedral bajamos por las estrechas y empinadas calles hacia el río Duero.
Desde la orilla del río se puede ver el Muro dos Cobertos da Ribeira y por encima las características casas de colores que miran al río. Esta es una zona bastante turística, con muchos restaurantes para turistas.


Desde aquí se puede cruzar el río Duero por el famoso Puente de Luis I. Un puente de hierro proyectado por Gustavo Eiffel (el de la torre) al final del siglo XIX. Es un increíble puente en arco a dos niveles. En la parte más alta pasaba el tren, ahora pasa el metro. Mientras en la parte más baja, a nivel del río pasa la carretera para los coches y peatones.



Cuando cruza el puente llegas a la zona de las bodegas. Por esta orilla hay muchas bodegas de Vino Oporto. Puedes entrar a visitarlas, obviamente pagando una entrada, aunque te compensa porque al final te dejan probar un vaso de su vino, y si quieres puedes comprar las botellas de la bodega. Nosotros vimos la que dicen ser una de las más bonitas, la bodega de Calém. No habiendo visto más no sabría decir si es realmente la más bonita. Para visitarla te acompaña un guía que te explica un poco la historia de la bodega y las características del vino. Interesante, pero me esperaba algo mejor.


Otra zona bonita es la de la iglesia de San Francisco. Por aquí está el Palacio de la Bolsa, para entrar hay que pagar una visita guiada, pero al final no entramos porque no tenían guía en español hasta el día siguiente.
Luego está la iglesia de San Francisco. También aquí hay que pagar entrada (10 €). La entrada cubre la visita a la iglesia, al museo y a unas catacumbas. Para mi gusto, nada interesante. La iglesia, bonita (no se pueden sacar fotos en su interior), pero comparado con la iglesia de Santa Clara no fue tan bonita. El museo era pequeño tenía unos poquitos objetos de iglesia, cosas de plata y oro. Luego las catacumbas… nada de nada especial… “cuatro tumbas” de poca importancia.


Otra zona de la ciudad muy bonita es la zona de la Iglesia y Torre de Dos Clerigos. La Torres de Dos Clerigos es la torre más alta de la ciudad, y desde arriba se puede ver una panorámica de todo el aglomerado.
Por ahí cerca están dos iglesias curiosas porque están pegadas una a la otra, comparten paredes pero son diferentes. Son la Iglesia de Dos Carmelitas y la Iglesia Do Carmo.


Siempre en esta zona está la famosa Librería Lello. Es una antigua librería que se encuentra en un edificio del 1906 que conserva su arquitectura intacta. Su interior está formado de antiguas y altas estanterías de madera, escaleras de doble espirales, coloridos vitrales, pasamanos antiguos en la planta superior y un carril por donde circulaban antiguamente las cajas de libros. Esta es la librería donde grabaron algunas escenas de la película de Herry Potter.




En pocas palabras es espectacular, no hay que perdérsela. Lo único es que está casi siempre llena de gente, a primera hora se puede disfrutar mejor de ella.
Además de esto en Oporto hay muchas más cosas para ver. Se trata de pasear y perderte por sus calles, donde seguramente siempre te sorprenderán sus rincones y casas en ruinas.



En parte es una pena ver una ciudad como esta con las casas del centro abandonadas. Pero me imagino que verla toda bien maquetada no sería lo mismo.
Nos quedamos sólo tres días, pero valía la pena quedarse más tiempo para disfrutar más de una ciudad tan especial.


Sintra <<  >> 

2 comentarios:

  1. Diego, muy buenos comentarios sobre Oporto. Vamos mi marido y yo la próxima semana y vamos a hacer los recorridos que nos describes. Las fotos preciosas tambien. Tú sabes si hay problema para entrar con perros a los sitios? es que llevamos dos teckel!.
    Un saludo de Carmen (Córdoba)

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  2. Este próximo sin de semana estaré, por cuarta vez, en Oporto. Sobra decir que soy un enamorado de esta ciudad......Quizás, probablemetne, sea su estado casi de semi-abandono, lo mas que me gusta. No niego que tenga falta de muchos retoques pero estoy seguro que el día que decidan renovarla, perderá su gran encanto.
    En este blog se ha hecho un gran recorrido, es recomendable seguirlo. Además comparto la idea de que es una ciudad, su casco histórico, relativamente pequeña, y aunque todo discurre en subidad y bajadas, se visita de forma muy cómoda.
    Disfruten como yo lo he hecho.
    Saludos

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