Tomsk, una joya para descubrir. Transiberiano

Etapa 4
Puntualísimos como siempre a las 6:30 de la mañana hora de Moscú llegamos a la estación de Tomsk. Aquí eran las 9:30 (+3 horas de Moscú).
El tiempo estaba nublado aunque no hacía frío. Nos despedimos de las tres señoras, nuestras compañeras de viaje y nos encaminamos hacia nuestro hotel, el Hotel Sputnik.
En seguida la ciudad nos gustó. Parecía muy tranquila, casitas de madera y calles arboladas.


En Tomsk nos quedamos 3 días y 2 noches. El problema que tiene Tomsk es que los trenes que llegan desde Moscú llegan los días pares por la mañana y los que siguen hasta Vladivostok salen siempre los días pares por la noche. Después de desviarse tanto de la ruta no vale la pena quedarse aquí solo unas horas.


Tomsk fue antigua capital de Siberia y tiene muchos años de historia. Con la construcción del Transiberiano se quedó fuera de las rutas principales de comunicación. Está a unos 300 km al norte de la ruta del Transiberiano. Y lo mejor que le pasó fue que gracias a eso se quedó fuera del desarrollo industrial de la antigua Unión Soviética, conservando su antigua arquitectura.


Tomsk está considerada la ciudad más bonita de Siberia e incluso de toda Rusia, y después de verla comparto esta opinión.
En Tomsk se respira un aire de tranquilidad y serenidad. Es una ciudad universitaria y hay muchos estudiantes y lugares para estudiantes. No es muy turística ya que no está en la ruta del Transiberiano, y no hay muchos lugares para dormir.



En Tomsk aprovechamos para cumplir las reglas de registro de documentos. Teóricamente una vez por semana o después de 72 horas en el mismo lugar hay que registrarse a la autoridad. Si te para la policía y no tienes registros o no puedes demostrar donde estuviste en Rusia pueden multarte. Normalmente el hotel se ocupa de estos trámites.
Una vez en el Hotel Sputnik, por fin nos duchamos y aprovechamos para lavar la ropa a mano, ya que el hotel nos cobraba una fortuna para lavar.
Y luego salimos a pasear por esta hermosa ciudad, es un lugar ideal para pasear sin rumbo por sus calles.


La arquitectura de las casas de madera a encaje de Tomsk es preciosa, además con el otoño y los colores otoñales resulta todo más hermoso.
La ciudad es muy verde, con parques y jardines. La calle más caótica y transitada es Lenina, la calle principal.


El resto de las calles nos parecieron muy tranquilas incluso con niños jugando en ellas...
A parte el primer día que estaba nublado los restantes días hacía sol y calor... llegamos a más de 20º,,, otoño en Siberia con calor!!! ¿Y el frío Siberiano donde está?
En estos días básicamente paseamos y paseamos por las calles de Tomsk. Otra zona muy bonita es la Colina de la Resurrección, aquí es donde se fundó la ciudad.



Por fin en Tomsk conseguimos ver nuestra primera estatua de Lenin, hasta ahora no habíamos conseguido ver ninguna. Aunque el pobre Lenin ahora está en el centro de una rotonda,,, parece dirigir el tráfico.


Cada vez que teníamos que comer era una aventura. Fuimos probando varios restaurante, casi ninguno tenía menú en ingles, y para pedir la comida fue divertido,,, ya que tampoco los camareros hablaban inglés. Aunque al final comimos sin problemas y la comida estaba muy rica.



 Después de unos magníficos días en Tomsk, teníamos que volver a tomar el tren.
Valió la pena pasar por este lugar y lo aconsejaría como una de las ciudades que no hay que perderse de Rusia.


Nuestra nueva meta era Irkutsk. El tren salía por la tarde, a las 19:30 hora local, y para llegar a la estación cogimos un taxi. El taxista nos llevó en un viejo coche ruso. Para indicarle que queríamos ir a la estación tuve que dibujarle un tren en un papel. Condujo como un loco y al final llegamos sanos a la estación de Tomsk.


El viaje de Tomsk a Irkutsk duraba 32:40 horas para una distancia aprox. de 1560 Km.
Volvimos a tomar el vagón kupe. Nos tocaban otras dos noches y un día en tren.
La noche fue un desastre, el tren no paraba de moverse, teníamos una litera de arriba y una de abajo. Dormir en la litera de arriba era como dormir encima de un palo con viento,,, te movías por cualquier lado. Es raro pero cuando bajábamos de los trenes después de tanto tiempo en ellos estábamos como mareados, y en este caso más aún.
La primera noche compartimos el compartimento con un chico, muy tranquilo.


Cuando llegamos a la estación de Taiga el tren se retuvo 4 horas para quitar y unir vagones. Fueron 4 horas larguísimas, además no se podía ir al baño porque estábamos en una estación. Los altoparlantes no paraban de decir cosas, y era difícil tomar sueño.
Además por la noche un grupo de militares rusos del compartimento de al lado no pararon de hablar beber y fumar... En los compartimentos por suerte no se puede fumar, pero se puede hacer en los espacios entre vagones, y muchas veces el humo llegaba a los compartimentos.
El día siguiente estuvimos casi todo el día solos en el compartimento ya que el chico se había ido por la mañana. Por la tarde en la estación de Krasnoyarks el tren volvió a llenarse de pasajeros. Esta vez compartimos nuestro kupe con un señor ruso que tenía ganas de hablar y compartir cerveza,,, pero la comunicación era imposible. En este trayecto nos encontramos con el primer viajero extranjero, Jaime un chico chileno. No nos habíamos encontrado con ningún extranjero hasta ahora. Con el quedamos en Ulan-Bator, en Mongolia, para compartir el tour en el país.


La última noche del trayecto también fue bastante movida. De los militares ahora quedaban solo dos, y aburridos empezaron a acercarse pidiendo fiesta. Nos metimos en el compartimento con ellos y empezaron a enseñarnos fotos de familia. Por lo visto es una práctica común entre los rusos. Después de un rato "curioso" con ellos conseguimos llegar a nuestro compartimento e intentamos descansar. Al día siguiente por la mañana muy temprano llegaríamos a Irkustk.

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